Semiconductores en Japon

El juego de doble vía de la revitalización de los semiconductores en Japón: la lógica estratégica de TSMC en Kumamoto y Rapidus

En el seminario APARC de la Universidad de Stanford, el economista Jun Akabane analiza dos vías para el resurgimiento de los semiconductores en Japón: la planta de TSMC en Kumamoto y Rapidus. Este artículo analiza en profundidad su lógica estratégica, su impacto industrial y sus implicaciones geopolíticas.

La industria de semiconductores de Japón se encuentra en un momento histórico crítico. Japón, que alguna vez dominó el mercado global de DRAM en la década de 1980, tras sufrir fricciones comerciales, la apreciación del yen y errores de juicio en su ruta tecnológica en la década de 1990, fue perdiendo gradualmente competitividad en el ámbito de los procesos de fabricación avanzados e incluso se retiró de la carrera por los nodos de 22/20 nanómetros. Hoy, en medio de tensiones geopolíticas y de la reconfiguración de las cadenas de suministro, Japón ha puesto en marcha, bajo el nombre de “seguridad económica”, un plan de reactivación de semiconductores sin precedentes. En un seminario organizado recientemente por el Programa sobre Japón del APARC de la Universidad de Stanford, Jun Akabane, profesor de la Universidad Chuo y académico visitante del APARC, analizó en profundidad esta estrategia y, en particular, comparó las distintas trayectorias y los desenlaces potenciales de los dos grandes proyectos: la planta de TSMC en Kumamoto y Rapidus.

Sombra histórica y ansiedad estratégica

El declive de la industria japonesa de semiconductores no se debió a un único factor. En la década de 1980, gigantes japoneses como NEC e Hitachi ocupaban una posición dominante a nivel mundial en el sector de DRAM, pero las posteriores fricciones comerciales entre Japón y Estados Unidos, la fuerte apreciación del yen y los errores de las empresas al interpretar las tendencias del mercado hicieron que Japón no se pasara a tiempo a los chips lógicos de mayor valor añadido. Cuando la industria global avanzaba hacia nodos de 22/20 nanómetros y menores, las empresas japonesas optaron por replegarse. Esta historia se ha convertido en una sombra persistente para los responsables de políticas de Japón y también ha dado forma a la lógica de fondo de la actual estrategia de reactivación: ya no perseguir únicamente la cuota de mercado, sino garantizar la autonomía y el control de tecnologías clave, así como la resiliencia de las cadenas de suministro.

En 2021, el gobierno de Fumio Kishida elevó los semiconductores al núcleo de la seguridad económica. La Ley de Promoción de la Seguridad Económica, aprobada en 2022, estableció cuatro objetivos: garantizar el suministro estable de minerales críticos, proteger la infraestructura crítica, apoyar el desarrollo de tecnologías avanzadas e implementar un régimen de no publicación de patentes. Este marco legal proporcionó la base institucional para la reactivación de los semiconductores en Japón y también marcó un cambio notable en la política industrial japonesa, de una orientación al mercado a una orientación hacia una estrategia nacional.

Estrategia de doble vía: dos lógicas en paralelo

El actual plan de reactivación de semiconductores de Japón se compone de dos proyectos que parecen contradictorios pero se complementan mutuamente. Uno es la fábrica de obleas que TSMC construye en la prefectura de Kumamoto, con el apoyo del gobierno japonés y de empresas locales como Sony y Denso. Este proyecto se centra en chips de procesos maduros y atiende principalmente a industrias en las que Japón es fuerte, como la automotriz, los equipos industriales y la electrónica de consumo. El otro es Rapidus, una empresa nacional fundada en 2022, que recibió financiación gubernamental e inversión de ocho grandes empresas japonesas como Toyota, Sony y SoftBank; su objetivo apunta directamente a chips lógicos avanzados de 2 nanómetros y colabora con socios globales como IBM y el centro de investigación en microelectrónica de Bélgica (Imec).Estas dos vías representan enfoques estratégicos completamente distintos. La planta de TSMC en Kumamoto tiene como objetivo fortalecer la cadena de suministro local de Japón, mediante la introducción en el país de capacidad de nodos de proceso maduros y la generación de sinergias con las poderosas industrias japonesas de materiales semiconductores, equipos, automoción y electrónica, aumentando así la resiliencia de Japón frente a futuras interrupciones del suministro. Rapidus, en cambio, es una apuesta arriesgada orientada al mercado mundial de chips lógicos de vanguardia, que busca devolver a Japón a la carrera de procesos avanzados dominada por Estados Unidos y la región de Taiwán de China.

TSMC en Kumamoto: integración pragmática y resiliencia de la cadena de suministro

Desde la perspectiva de la integración industrial, la ventaja del proyecto de TSMC en Kumamoto radica en su viabilidad práctica. TSMC aporta directamente procesos de fabricación avanzados, y el objetivo del proyecto es claro: satisfacer la demanda interna japonesa de chips de nodos de proceso maduros, abarcando sectores clave como centros de datos, teléfonos móviles y automoción. Más importante aún, este proyecto devuelve la fabricación de chips a Japón y complementa las ventajas tradicionales de Japón en materiales semiconductores (como fotorresinas y obleas de silicio) y equipos de fabricación (como Tokyo Electron y Nikon). Akabane señala que este vínculo reforzado de la cadena industrial está mejorando la capacidad de Japón para resistir futuros shocks de suministro.

Sin embargo, los críticos cuestionan: ¿por qué Japón debería subvencionar con grandes sumas a una empresa extranjera? Sostienen que la planta de TSMC en Kumamoto no puede fortalecer fundamentalmente la capacidad tecnológica de la industria nacional de semiconductores de Japón y que, por el contrario, podría hacer que Japón caiga en la trampa del "vaciado de la manufactura", es decir, poseer capacidad de producción avanzada pero carecer de tecnología central y propiedad intelectual.

Rapidus: un avance nacional de alto riesgo

Rapidus contrasta marcadamente con TSMC en Kumamoto. Esta empresa, que encarna el sueño japonés de los chips de vanguardia, tiene como objetivo lograr la producción en serie de chips lógicos de 2 nanómetros a finales de la década de 2020. Pero los desafíos reales son extremadamente severos. Según el análisis de Akabane, el nivel tecnológico actual de Rapidus sigue estancado en la etapa de 14 nanómetros, carece del equipo de litografía ultravioleta extrema (EUV) necesario para fabricar chips de 2 nanómetros, y el suministro mundial de máquinas de litografía EUV está casi monopolizado por la neerlandesa ASML, por lo que Rapidus enfrenta una feroz competencia para obtener equipos.

Además, Rapidus depende en gran medida del apoyo tecnológico de socios extranjeros como IBM e Imec, lo que ha suscitado preocupaciones sobre su autonomía tecnológica. Los críticos también señalan que destinar grandes recursos a chips lógicos de gama alta y alto riesgo podría desviar la atención de la industria central de semiconductores de Japón, que es donde reside la verdadera fortaleza de Japón.

Los límites de la intervención gubernamental y el riesgo de mala asignación de recursos

La profunda intervención del gobierno japonés en la industria de semiconductores ha suscitado un debate sobre la eficacia de las políticas. Históricamente, las políticas industriales lideradas por el Ministerio de Comercio Internacional e Industria (MITI) de Japón tuvieron tanto éxitos como fracasos. Algunos expertos temen que una intervención gubernamental excesiva pueda provocar baja eficiencia y mala asignación de recursos. Si Rapidus podrá sobrevivir en un panorama competitivo dominado por TSMC, Samsung y Nvidia sigue siendo una gran incógnita. Al mismo tiempo, las subvenciones al proyecto de TSMC en Kumamoto también enfrentan cuestionamientos: ¿debería usarse el dinero de los contribuyentes para apoyar a empresas extranjeras?El núcleo de estas controversias radica en: ¿debería la revitalización de los semiconductores de Japón priorizar la “seguridad de la cadena de suministro” o el “liderazgo tecnológico”? ¿Cómo equilibrar la asignación de recursos entre ambas? Este no es solo un problema que enfrenta Japón, sino también un dilema común para muchos países del mundo en sus estrategias de semiconductores.

El arte del equilibrio en las grietas de la geopolítica

La estrategia de semiconductores de Japón está inevitablemente inserta en el contexto macro de la competencia tecnológica entre Estados Unidos y China. Por un lado, Japón busca reducir su dependencia de proveedores extranjeros y reforzar sus alianzas con Estados Unidos y la región de Taiwán de China; por otro, los críticos advierten que esta estrategia de tomar partido podría traer nuevas vulnerabilidades cuando aumente la tensión geopolítica. En particular, si ocurriera una emergencia en el estrecho de Taiwán, la cadena de suministro global sufriría un impacto severo, ¿y podría Japón mantenerse al margen?

Desde una perspectiva geoeconómica, la estrategia de doble vía de Japón es en realidad una forma de cobertura: mediante TSMC Kumamoto asegura el suministro de procesos maduros, y mediante Rapidus busca tener voz en la tecnología del futuro. Pero esta cobertura también implica una enorme inversión fiscal y riesgos estratégicos.

Impacto a largo plazo en la competitividad tecnológica de Japón y el panorama global

Mirando hacia el futuro, el éxito o el fracaso de TSMC Kumamoto y Rapidus tendrán un impacto profundo en la seguridad económica de Japón. Si TSMC Kumamoto tiene éxito, Japón contará con una cadena de suministro nacional de semiconductores más resiliente y ocupará una posición importante en el mercado global de procesos maduros. Si Rapidus fracasa, los esfuerzos de Japón por regresar a la competencia global de semiconductores de vanguardia sufrirán un duro golpe y podrían consolidar aún más su posición marginal en el campo de los chips lógicos avanzados.

En un nivel más profundo, esta estrategia de doble vía refleja las dificultades y la ambición de la modernización industrial de Japón. Japón sigue teniendo un liderazgo mundial en materiales y equipos para semiconductores, pero en las etapas de diseño y fabricación de chips su influencia ya no es ni de lejos la de antes. Que el plan de revitalización tenga éxito dependerá no solo del apoyo gubernamental, sino también de la vitalidad innovadora del sector privado y de si Japón puede encontrar su propio nicho entre los complejos desafíos geopolíticos y tecnológicos.

Para el panorama global de los semiconductores, el intento de Japón ofrece un caso importante: cómo una potencia tecnológica que alguna vez lo fue intenta resurgir en una industria altamente competitiva mediante una estrategia nacional y la cooperación internacional. Sea cual sea el resultado, este proceso influirá profundamente en la futura distribución de la cadena global de suministro de chips y en la estructura de poder.

Conclusión: ¿puede la doble vía conducir a la revitalización?

La propuesta de revitalización de los semiconductores de Japón va mucho más allá de construir unas cuantas fábricas. Se trata de cómo un país encuentra el equilibrio entre la soberanía tecnológica y la división global del trabajo, y de cómo abre camino entre el lastre histórico y la ambición futura. TSMC Kumamoto y Rapidus, uno pragmático y otro radical; uno enfocado en el presente y otro que apuesta por el futuro. Que ambos avancen en paralelo es tanto sabiduría estratégica como diversificación de riesgos. Pero, en última instancia, el destino de los semiconductores de Japón seguirá dependiendo de si puede convertir la cooperación externa en capacidad endógena y mantener la agilidad en una competencia tecnológica global que evoluciona rápidamente.

(Este artículo se basa en el contenido del seminario del Proyecto Japón de APARC de la Universidad de Stanford. Fuente original: https://aparc.fsi.stanford.edu/news/tale-two-approaches-revitalize-japans-semiconductor-industry)

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